Broadchurch

Los paisajes del cine o de las series de televisión poseen un singular encanto fruto de la mezcla entre realidad y ficción. En varias ocasiones, lugares existentes se convierten en escenarios fundamentales para el desarrollo de la trama y pasan a formar parte del imaginario común. Así, son reconocidos, visitados e incluidos dentro del patrimonio colectivo: el café de Amelie, la Tierra Media en Nueva Zelanda o el andén 9 ¾ de la estación de King´s Cross son solo algunos de los cada vez más abundantes ejemplos.

Olivia Colman y David Tennant en una escena de Broadchurch (Sonorous)

Una serie reciente donde los emplazamientos reales conforman un componente esencial de la narración es Broadchurch (Chris Chibnall, 2013) y, en particular, la costa de Dorset, un condado situado en el sudoeste de Inglaterra donde se encuentra el pueblo de West Bay y los acantilados de Jurassic Pier, en la zona Patrimonio de la Humanidad llamada Jurassic Coast.

El puerto de West Bay (Pictures from everyday life)

A los monumentos históricos y naturales existentes se añaden ahora las localizaciones de la serie, y el interés creciente como atracción turística ha motivado su puesta en valor mediante guías, rutas o eventos culturales, hasta el punto de prácticamente eclipsar al otro gran reclamo del entorno como escenario de ficción: la obra del escritor y arquitecto Thomas Hardy, inspirada y ambientada en gran medida por los paisajes de las proximidades.

Exposición Broadchurch and its Landscape (The Shed Gallery)

A la ruta que permite visitar los lugares de la serie se sumaron exposiciones como Broadchurch and its Landscape, una iniciativa de The Shed Gallery que situó en espacios públicos de la localidad fotografías del entorno, reuniendo visión real con relato ficticio en un recorrido artístico que evidencia las posibilidades de uso y disfrute de esta nueva categoría patrimonial.

Vía de los Foros Imperiales

«Una cuestión delicada, todavía sensible» Son las palabras de Pier Federico Caliari, responsable del concurso de ideas Vía de los Foros Imperiales de Roma, tema escogido en la XIV edición del Premio Piranesi de Roma organizado por la Accademia Adrianea di architettura e archeologia en colaboración con la Ordine degli architetti di Roma e provincia. Un concurso que vuelve a poner sobre la mesa, ochenta y cuatro años después, la posible intervención sobre uno de los espacios más emblemáticos de la capital italiana mediante un proyecto arquitectónico. 
Giuseppe Terragni: Palacio del Lictorio, propuesta B, 1934 (Casa dell’Archittetura)
Si en 1934 fueron nombres como Terragni, Libera, Moretti, BBPR, Ponti, Ridolfi, Foschini o Del Debbio, los que destacaron en concursos para los nuevos edificios junto a la recién creada Vía Imperial,  ahora han obtenido el primer premio ex aequo los equipos formados por David Chipperfield Architects y Alexander Schwarz (Universität Stuttgart), 2TR Architettura/Ricardo Petrachi + Luigi Franciosini (Università Roma Tre) y Studio Valle + Franco Purini (Università la Sapienza), además se han otorgado tres menciones especiales y un informe.
David Chipperfield Architects y Alexander Schwarz: Concurso Vía de los Foros Imperiales, 2016 (Divisare)

Como explica Caliari, los acontecimientos de la Via dei Fori Imperiali se pueden resumir en cuatro fases: una primera fase, entre 1873 y 1924, de medio siglo de duración, durante la cual el bulevar está presente en la planificación urbana de la Roma Capital, sin llegar a hacerse realidad. En una segunda fase, que duró veinte años, la avenida se construyó como un símbolo del fascismo, con altos costes sociales no fácilmente compensables. Una tercera fase duró una década, entre 1975 y 1985, cuando comenzó a plantearse su demolición. Por último, la cuarta fase, entre 1997 y 2016 llevaría a la pérdida de la intervención de Muñoz y de Vico y a proyectar nuevas alternativas. 
2TR Architettura/Ricardo Petrachi + Luigi Franciosini: Concurso Vía de los Foros Imperiales, 2016 (Divisare)
En la actualidad, la avenida está sometida a importantes transformaciones, no solo por las excavaciones arqueológicas, sino por la creación de las nuevas infraestructuras subterráneas, el tránsito permanente del turismo masivo y el uso como paisaje para todo tipo de eventos. Un lugar en constante construcción que ha llevado a la convocatoria del concurso internacional, buscando dar una respuesta contemporánea a las múltiples ciudades superpuestas, reales e imaginadas, sobre los antiguos foros imperiales.
Studio Valle + Franco Purini: Concurso Vía de los Foros Imperiales, 2016 (Divisare)

Un nuevo comienzo

Recordemos que todo está inmerso en un proceso. En fechas recientes, tres intervenciones en entornos singulares han puesto el foco sobre la relación contemporánea entre arte y paisaje: Olafur Eliasson en el palacio de Versalles, Richard Serra en el desierto de Qatar y Christo y Jeanne-Claude sobre las aguas del lago Iseo. Todos los casos suponen una lectura atenta al paisaje, al sitio-específico, que convierten el lugar en base y fundamento del proyecto. 

Eliasson, que interviene en el interior de la residencia y en sus jardines, explicaba «Me siento muy honrado de trabajar en un sitio tan icónico como Versalles. Tanto el Palacio como sus jardines son tan ricos en historia, significado, en conceptos políticos, sueños y visiones. Es un reto emocionante crear una intervención artística que cambie la percepción de los visitantes, ofreciendo una perspectiva contemporánea frente a una localización de gran tradición».

Olafur Eliasson: Catarata, 2016 (Anders Sune Berg)

El agua en sus diferentes estados tiene un papel protagonista en varias de las intervenciones. En el eje principal de la alternativa urbana de Luis XIV, una catarata artificial brota desde el cielo sobre el gran canal, recordándonos la visión ideal de André Le Nôtre. «La cascada es un intento de terminar, de hacer lo imposible posible, de hacer los sueños realidad», dijo el artista. En las otras instalaciones emplea agua en estado gaseoso y bloques de hielo que van modificándose con el paso del tiempo. «Durante toda la historia podemos observar cómo diferentes modelos de ver el espacio y de relacionarse con él —es decir, la relación del ser humano con su entorno— se han ido reemplazando unos a otros en parelelo a los cambios sociales, ideológicos, técnicos y de otro tipo», afirma en uno de sus escritos, abriendo una nueva visión del paisaje cultural narrada a través del arte.

Christo y Jeanne-Claude: Los Muelles Flotantes, 1970-2016 (Wolfgang Volz)

Esta lectura está también presente en la última obra de Christo y Jeanne-Claude, construida con en 70.000 metros cuadrados de brillante de tela amarilla, llevada por un sistema modular de dique flotante con 200.000 cubos de polietileno de alta densidad. Las plataformas se mueven levemente con el movimiento de las olas y los visitantes podrán experimentar esta obra de arte caminando sobre ella —sobre las aguas— desde Sulzano a Monte Isola y a la isla de San Paolo. «Las montañas que rodean el lago ofrecerán una vista de pájaro de Los Muelles Flotantes, exponiendo ángulos inadvertidos y alteración de perspectivas. Se creará un paseo de 3 kilómetros de largo con Los Muelles Flotantes a través del lago de Iseo. Los muelles serán de 16 metros de ancho y aproximadamente 50 centímetros de alto con lados inclinados. La tela continuará a lo largo de 1,5 kilómetros de calles peatonales en Sulzano y Peschiera Maraglio». Concebido inicialmente en 1970, se trata del primer proyecto de gran escala después de la muerte de Jeanne-Claude, acontecida en 2009.

Richard Serra: Este-Oeste/Oeste-Este, 2016 (Nelson Garrido)

«Cuando viene por primera vez aquí —entonces se estaba construyendo el Museo Islámico— y Sheikha al-Mayassa me preguntó sí quería crear una obra en este paisaje», relata Richard Serra al periódico The Gulf-Times. A diferencia de los lugares altamente antropizados anteriores, Serra se enfrenta al territorio abierto, desocupado, hostil, generando un nuevo lugar, una línea o frontera que cambia totalmente la percepción del paisaje. La claridad geométrica de los monolitos, su aparente repetición y su dramática dimensión transforman el entorno, lo acotan y lo contienen. En la soledad del desierto, sobre el lago Iseo o frente a los muros de Versalles ocurren procesos que introducen el tiempo en la materia. Eliasson identificó, hace ya varios años, una forma de experimentar el mundo con el fin de reestablecer el tiempo como elemento constitutivo de los objetos y de nuestro entorno, como configurador de paisajes.